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“Training Day” a la española
-Pleitos tengas-


No sé si recuerdan ustedes una película de 2.001 titulada “Training Day”. Teniendo en cuenta su argumento, el título se podría traducir libremente (que no de forma literal) por “día de prácticas”, pues el film relata el desarrollo de la primera jornada de un agente de narcóticos novato (Ethan Hawke), en la que acompaña, para curtirse en el oficio, a otro muy experimentado, ducho en métodos, digamos, poco ortodoxos, protagonizado por Denzel Washington. Como es de imaginar, el aprendiz se ve obligado a presenciar actuaciones de muy dudosa legalidad y de nula moralidad, e incluso a colaborar en ellas, y no digo más por si no la han visto.
Me acordé del argumento de esta película cuando leí los hechos probados de una reciente sentencia del Tribunal Supremo que cuenta la siguiente historia: en una de nuestras islas más turísticas un miembro de las fuerzas y cuerpos de seguridad, recién salido de la academia, es asignado para salir de patrulla a un veterano muy respetado que, además, es su superior. Durante la ronda, y ya de noche, el mayor detecta en una playa poco frecuentada la presencia de un joven de 16 años al que conoce bien por ser un sospechoso habitual. Es entonces cuando decide enseñar “al nuevo” cómo se hacen las cosas. Así pues, se las apaña para atrapar al merodeador y a golpes lo lleva cerca del agua. Allí lo obliga a desnudarse, meterse en el mar y nadar hasta una boya, dejándolo allí, “en pelota picada”, mientras se marcha del lugar, llevándose bajo el brazo la ropa y los zapatos del joven, y probablemente diciéndole a su nuevo compañero “es que, con esta gente, si no lo haces así …”. A todo esto, el recién graduado no había intervenido en los hechos, limitándose a mirar, pero tampoco hizo nada para impedirlos. La ropa y los zapatos nunca se encontraron.
El caso es que después el asunto se supo, porque el chico, además de aparecer en la vía pública deambulando como su madre lo trajo al mundo, necesitó una primera asistencia sanitaria. La pareja policial fue identificada, viéndose empapelados veterano y novato, hasta el punto de que la Audiencia Provincial los condenó como autores de un delito contra la integridad moral, conducta que viene a ser una versión “light” de las torturas.
Ambos recurrieron al Tribunal Supremo, y aquí viene la particularidad jurídica del asunto, porque el recurso de veterano fue desestimado sin mayores miramientos, pero el que interpuso su “pupilo” mereció una suerte muy distinta: fue estimado y su condena se revocó, quedando absuelto en una sentencia que ha marcado un hito en la interpretación general del Derecho Penal.
Para entender (aunque no se comparta) el razonamiento del Tribunal Supremo hay que explicar que la existencia de un delito requiere de varios elementos: en primer lugar, que la conducta esté tipificada en el Código Penal. En segundo lugar, que llevarla a cabo sea “antijurídico”, es decir, que pese a ser en principio delictiv,a esa conducta no esté justificada por otra norma (como ocurre, por ejemplo, con la legítima defensa, que puede permitir lo que en otro caso sería un delito de lesiones, etc). Y, en tercer lugar, que la actuación del acusado haya sido “culpable”, lo que ocurre cuando el sujeto tenía capacidad para saber lo que estaba haciendo y además estaba en condiciones psíquicas o físicas de haber actuado de otra forma, evitando vulnerar el Derecho. Si no se dan esos tres requisitos, o bien no existirá delito o, en caso de faltar la “culpabilidad”, el delito no se podrá castigar, aunque a veces sí se pueden aplicar otras medidas de seguridad (internamientos en psiquiátricos, etc).
A tal efecto, en los Códigos Penales existen catálogos de las circunstancias que la Ley considera que eliminan la culpabilidad: por ejemplo, y entre otras, ciertas anomalías psíquicas muy intensas, el miedo insuperable, el estado de necesidad cuando se sacrifica un bien de igual valor que el salvado, etc. Es aplicando esa normativa como, por poner un ejemplo, el Tribunal Supremo ha absuelto a algunas personas que accedieron a pagar el “impuesto revolucionario” aterradas por vivir en ambientes muy influenciados por el terrorismo y tras haber tenido víctimas de su actividad en su entorno más próximo, estimando que toda esa constelación de circunstancias las colocaba en una situación de “miedo insuperable”. Sin embargo, los Tribunales nunca han absuelto a quienes dicen acudir al tráfico de drogas para paliar situaciones de necesidad económica extrema.
Ahora bien, entre ese catálogo de circunstancias o situaciones que eliminan la culpabilidad no se encuentra ninguna que pudiera estar presente en los hechos que hemos descrito más arriba. Sin embargo, el Tribunal Supremo consideró que la poca seguridad del recién graduado, el escasísimo tiempo que llevaba desempeñando funciones policiales, la intimidación que, para él, se derivaba del “prestigio en el cuerpo” de quien, además, era su superior, la rígida jerarquización de las fuerzas de seguridad y el temor a verse rechazado desde el principio por sus compañeros colocaron esa noche al aprendiz en una situación que, “de facto”, le hacía imposible oponerse a lo que su superior estaba haciendo o denunciarlo después y, por tanto, lo situaban en una posición análoga a aquella en que se encuentra cualquiera afectado por una causa de exclusión de la culpabilidad de las reconocidas en el Código Penal.
El tema es discutible, y no solo por el aspecto moral del asunto sino porque, por primera vez en la historia jurídica española, el Tribunal Supremo ha creado, por sí solo, una nueva causa de exclusión de la culpabilidad criminal, cosa que ningún precepto del Código Penal le permite, pues su artículo 21.7 únicamente autoriza a los jueces a crear circunstancias atenuantes, las cuales solo sirven para rebajar la pena pero no eliminan el delito.
La cuestión es todavía más llamativa porque durante muchos años los más prestigiosos penalistas teóricos del mundo, que son alemanes, discutieron acaloradamente sobre si eso era posible, sin llegar a ninguna conclusión definitiva.
Para que luego digan que no somos capaces de inventar al mismo nivel que en Alemania.


04/12/2016 | Francisco Pérez. Abogado. Profesor de la UNED
 
     
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