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Un concejal valiente



La operación Pokémon adopta por momentos tintes caricaturescos y se erige como fiel reflejo de la situación política de todo el Estado español. Ayer detuvieron al Jefe de Policía Local del Ayuntamiento de Orense. Cuando el Concejal responsable del área de policía local arribó al Ayuntamiento dijo a los periodistas la frase que solo un concejal prototípico puede pronunciar; la madre de todas las frases de un político; la frase que hace las veces de clavo ardiendo, a saber: “ahora os decimos algo”. Sorprende que en Orense los periodistas sí acudan al Ayuntamiento cuando imputan al Alcalde por prevaricación y cohecho. Hay localidades donde el gremio se hace poco eco de las imputaciones penales de sus Alcaldes.
Hallándose a la espera los informadores para que el Concejal Agustín Fernández Gallego se asomara y les comunicara alguna explicación sobre esta detención, resultó que el señor concejal obró una vez más como solo un concejal al uso sabe hacer. Su actuación no podía ser otra que la de un político valiente, aguerrido y audaz: abandonó el Ayuntamiento por la puerta trasera. Muy previsible.
El Alcalde de Orense, por su parte, aún habiendo sido suspendido de militancia por su partido, dice que no contempla la dimisión y nuevamente actúa solo como un político español sabe hacer: apelando a la presunción de inocencia. Como derecho inherente a la tutela judicial efectiva, la presunción de inocencia tiene un alcance y ámbito exclusivamente procesal-penal, pero nada más. Como servidor público el Alcalde de Orense, todos los Alcaldes y todos los cargos políticos se deben a quienes les mandan y que no son los bancos, ni los constructores, ni los altos mandos de sus respectivos partidos políticos. Han perdido la perspectiva y han olvidado que quienes les mandan y a quienes sirven es a todos y cada uno de los ciudadanos. Por esta razón, deben bajarse unos centímetros la altura de las cabezas.
En definitiva, el Alcalde de Orense no solo no dimite sino que además se queja de que este asunto le está causando un grave perjuicio y daño personal. Son los inconvenientes inherentes a la detención, que se pasa fatal. El calabozo es una experiencia muy desagradable según cuentan quienes lo han dormido. Atendiendo precisamente a la garantía de la presunción de inocencia y si del resultado de las actuaciones, el Alcalde de Orense Francisco Rodríguez obtiene una sentencia absolutoria, habrá podido experimentar el extremo de descrédito que ha provocado la clase política a la que pertenece y esta “pena” o “sanción” social y mediática la han ganado por un legítimo concurso público de deméritos e incapacidad.


26/09/2012 | AURORA GÓMEZ CAMPOS
 
     
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