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UN SUEÑO



Bienaventurados aquellos a los que no les gusta el fútbol, estoy convencido que su paciencia y su tolerancia será recompensada. Y no es para menos, después de la vorágine futbolera que nos ha deparado el Mundial.
Al principio del campeonato era relajante ver algún partido a media tarde, después la competición poco a poco fue comprimiéndose, comprometiendo emociones y pasiones, sin embargo las cuarenta y ocho horas previas a la final fueron excesivas, por el agobio de los medios de comunicación. Solo se hablaba de fútbol, todo era fútbol, que hasta el más aficionado se sintió saturado, harto, cansado de tanta presión y deseando que llegase cuanto antes el desenlace, el partido definitivo. Cuantas tonterías se han podido decir en ese corto espacio de tiempo, puede ser divertida la anécdota del pulpo alemán “Paul”, pero se desmadraron dando tanto protagonismo al cefalópodo, realzándolo como máximo oráculo sobre los resultados, pura casualidad.
Antes de que el pulpo entrase en escena, el protagonista fue el balón oficial elegido para esta competición, el impredecible “Jabulani” diseñado por la marca Adidas. Un ejemplo más de los intereses comerciales y de negocio que tienen estos eventos deportivos, el polémico balón consiguió que en este Mundial hayamos visto demasiados despejes de puño, opción elegida por los porteros ante la imprevista reacción del cuero, casi todos los tiros a puerta con balón parado se iban arriba, una pelota difícil de controlar, por mucho que digan los informes técnicos y los ingenieros que lo diseñaron.
Habitual suele ser la bravuconería y las salidas de tono de algunos entrenadores, en general, el miedo al resultado ha atenazado a muchas selecciones, que en teoría debían haber ofrecido mayor entretenimiento. El fútbol como espectáculo ha sido rácano y solo algunos partidos puntuales han conseguido destellos de buen juego, la mayoría de las figuras han pasado desapercibidas en el campo, otra cosa es lo mediático y la publicidad que arrastran estos elegidos.
Pero hablemos de nosotros, de nuestra selección. Aunque en el fútbol todo es imprevisible, el desenlace ha demostrado el sentido común de aquellos que nos consideraban favoritos, a pesar de tener un mal comienzo. Pero es evidente el cambio de actitud de nuestro equipo, el pasado, el ayer, caracterizado por “la furia española”, fuerza y testosterona, ahora el “tiqui taca” jugar y tocar hasta encontrar la ocasión, cabeza y racionalidad tienen nuestros jóvenes campeones.
La flamante campeona del mundo, mundial, “La Roja”, anda que la definición no ha traído también controversia, el gran público aceptó con naturalidad el término, otros más retorcidos quisieron buscarle tres pies al gato buscando polémica.
Hace tiempo, en un explícito artículo Javier Cercas aseguraba, que sobre opiniones tan opuestas de nuestro país, cuando algunos aseguraban que antes era magnífico y ahora en cambio estaba hecho unos zorros, decía Cercas, que ni antes era tan fantástico, ni ahora estaba tan mal, aseguraba, que el único valor seguro e inamovible es el jamón serrano de pata negra, ahora podemos añadir que otro valor inequívoco es nuestra selección, que ha conseguido claramente la Copa del Mundo, pero además se lo ha merecido porque ha jugado a un altísimo nivel.
Este evento deportivo, esta competición, ha sido un claro motivo aglutinador de la ciudadanía, ha definido la nacionalidad: “Yo soy español, español, español” esta coletilla la hemos escuchado con alegría durante estos días, la gente se sentía en comunión con los futbolistas. ¿Qué decir de la bandera? Símbolo que casi siempre ha sido noticia polémica, ahora la exhibimos con manifiesto orgullo y con total naturalidad.
Nos hemos divertido y nos hemos alegrado, en algún momento, hasta hemos tarareado el “Waka Waka” de Shakira, o el “Wavin´ Flag” de David Bisbal, sabemos que el sur existe, que África tiene ritmo, (a pesar del coñazo de las vuvuzelas) ya lo sabíamos cuando escuchábamos hace mucho tiempo el “Graceland” (1986) de Paul Simon, y ahora el mundial de Sudáfrica nos vuelve a recordar su sinfonía de coros mágicos.
El fútbol es más que un deporte, más que un espectáculo, se ha convertido en una nueva religión, llena de ritos y de liturgias, con sumos sacerdotes que despiertan pasiones. La capacidad de movilización ha quedado claramente demostrada con el triunfo de la “Roja”, pero todo esto no sería posible, si este entramado de motivaciones no dejase buenos dividendos.
Seguro que hay que poner objeciones, o mejor quizás deberíamos reflexionar preguntándonos: ¿son excesivas las primas que cobraran los jugadores? Oigan, que se van a llevar una pasta gansa. Estoy convencido que estos jóvenes campeones no necesitan estar motivados económicamente en demasía, han demostrado ser un equipo y lo que ello implica, además el país no está para despilfarros. ¿Cuánto tiempo nos durará la euforia? ¿Hasta cuando demostraremos este sentimiento patriótico y de unidad?
Opino que fue excesiva la cobertura mediática de la celebración a la llegada de los “protagonistas” y como diría Pedro A. González: “Es costumbre de la tribu subirse al carro de los ganadores”. De cualquier forma, de la celebración me quedo con las imágenes de una gran persona, un ejemplo para todos, Vicente del Bosque “el hombre tranquilo” compartió junto a su hijo Álvaro el gozo del triunfo, viendo las imágenes, sin pretenderlo, vino a mi mente la palabra ternura.
Es un sueño, ganar el Mundial es un acontecimiento que sucede muy pocas veces, esta generación de jóvenes deportistas ha rematado su gesta y nos ha ofrecido su triunfo, este país se lo merecía, necesitábamos una alegría, un respiro ante tanta negatividad, necesitábamos una tregua. Del sentimiento patriótico o patriotero, que quieren que les diga, ojalá dure, a mí donde me gusta ver a los patriotas es en la declaración de la renta.


19/07/2010 | Rafael Toledo Díaz
 
     
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