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Vicepresidente vanidoso



Ataviada con un caftán bordado en hilo de auténtico oro comparece la bella Sineb quien ha servido de espoleta para malograr la carrera política del Vicepresidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, Pedro Gordillo. Ella pedía trabajo insistentemente. Y el otrora apodado por el pueblo “el cura conseguidor”, le consiguió algún trabajo temporal. La última vez que la bella Sineb fue a pedir trabajo al despacho del político que fue cura y conseguidor, a éste se le abrieron las hechuras del vientre bajo y le prometió trabajo bajo una condición suspensiva, a saber: “pero tienes que ser buena”. A menudo, el asco produce escalofríos y este es el caso. Los mismos escalofríos que sintió la Regenta cuando creyó tragarse un enorme sapo cuando el cura la besó. Si el Vicepresidente Gordillo fuera consciente del inconmesurable asco vertebral y tibio que despierta su frase sobre la “bondad”, se arrebujaría bajo su imponente sotana para no salir nunca de su macabro campanario.
Suponiendo ciertos los hechos que han trascendido a los medios de comunicación, se afirma que la bella Sineb, con asco o sin él, accedió a los deseos del Vicepresidente que mercadeaba intercambiando puestos de trabajo por sexo. En el despacho de la autoridad consumaron una relación sexual que la dama gravó en su teléfono móvil. Y, he aquí que el Vicepresidente, mientras la misma individua que le practica una felación simultáneamente le grava con el teléfono móvil, no se percata de tan difícil maniobra. ¿Sería a causa del éxtasis producido por experimentar la noche oscura del alma?, ¿la belleza de sentir al fin juntos amado con amada?, ¿llevaba el móvil bajo el caftán?.
Nada nuevo hay bajo el Sol. El perverso requerimiento de favores sexuales a cambio de trabajo es una forma de extorsión más habitual de lo que parece. Pero, ¿habría obrado igual este Vicepresidente si no hubiera sido Vicepresidente?. El acceso –que no ascenso- al poder provoca en quien lo consigue un delirio que le lleva a perpetrar algunas tropelías si y sólo si el mandatario en potencia ya trae de fábrica los mimbres precisos para tejer la infamia. Los oropeles anejos al poder conducen en ocasiones a confusión o a audacia. Confusión si el sujeto en cuestión no entiende que la Administración Pública le convierte a uno en servidor público de unos ciudadanos, en lugar de jefecillo público de unos súbditos; y audacia porque quien así se comporta sobrepasa los más obvios límites de la decencia necesaria para ejercer un cargo público. En este caso, la audacia del Vice Gordillo le ha conducido al ridículo, la defenestración de su dignidad y la pérdida de lo que probablemente él más valora: su cargo.
La vanidad obra distintos efectos en hombres y en mujeres aunque a ambos les conduzca al ridículo. La vanidad masculina implica en primer lugar ceguera desde el momento en que hasta el menos agraciado se siente con poderosos e incuestionables encantos. A tantos tipos de ridículo puede extenderse la vanidad del hombre que la padezca que hasta el espectador más prudente sentiría ganas de aclararle que, si bien las mamás dicen a sus niños que son muy guapos, esta frase no hay que creerla en su sentido literal, ni mucho menos de por vida. Vanidad y poder acercan demasiado a los inquilinos de los despachos al sexo traidor. Y este Vicepresidente no precavió que a la bella Sineb lo último que podía atraerle de él sería su esperpéntica hombría. La vanidad le impidió ver cuán avezada estaba Sineb en las nuevas tecnologías.


20/11/2009 | Aurora Gómez
 
     
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