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La fábula de la cigarra y la hormiga recreada con mucha y maliciosa miga



No se estiman como exactos los datos que se tienen sobre la biografía de Esopo, el gran fabulista de la antigüedad, aunque se afirma con bastante fundamento que fue un esclavo liberado de Frigia y que vivió entre los años 620 y 560 a.C., atribuyéndosele más de trescientas fábulas a cuyo través y personificando animales -también dioses y objetos- ridiculizaba y fustigaba los vicios, las pasiones, envidias y falsedades en que incurrían -e incurrimos- los humanos. Muchas de sus fábulas se han transmitido de generación en generación, e incluso algunas -La zorra y las uvas, El león y la liebre, La cigarra y la hormiga- siguen siendo referentes en la enseñanza. Al ocuparme hoy de la citada en último lugar, debo precisar que, en su composición, se describe cómo la cigarra pasa cantando, ociosa y alegremente, el verano, y al llegar el invierno se encuentra desprovista de alimento, por lo que se lo pide prestado a la hormiga, quien se compadece de ella y le regala unos granos de arroz, advirtiéndole que debe ser previsora para no tener luego que lamentarse.
Como tantas obras célebres y antiquísimas, La cigarra y la hormiga fue recreada muchos siglos después; lo hicieron Jean de la Fontaine (1621/1695) y el no menos célebre Félix de Samaniego (1745/1801). Las dos recreaciones son de gran valor, aunque ambas aportan, tal vez por razones histórico-sociales, un final muy distinto al de la composición original. Así, la que originariamente era una generosa hormiga pasa a ser un egoísta insecto que reprueba duramente a la cigarra su vida de holganza, negándole la ayuda por aquélla solicitada.
En todo caso, los versos de La Fontaine tienen una sonoridad especial, a cuyo respecto quiero resaltar que era casi obligado recitarlos cuando la asignatura del idioma francés se estudiaba en el Plan de Bachillerato de 1934 que yo cursé en el viejo caserón de la calle Buensuceso, sede por aquel entonces del Instituto Bernardo de Balbuena. Tan eufónica sonoridad quiero que sea apreciada por el lector, a cuyo efecto me voy a permitir reproducir a continuación el texto original y, más abajo, su traducción al español.



La cigale, ayant chanté tout l’été
se trouva fort dépourvue
quand la bise fut venue.
Pas un seul petit morceau
de mouche ou de vermisseau.
Elle alla crier famine
chez la fourmi, sa voisine.
La priant de lui prêter
quelque grain pour subsister
jusqu’à la saison nouvelle.
Je vous paierai, lui dit-elle
avant l’août, foi d’animal,
intérêt et principal.
La fourmi n’est pas prêteuse ;
c’est la son moindre défaut.
-Que faisiez-vous au temps chaude ?
Dit-elle à cette emprunteuse.
-Nuit et jour à tout venant
je chantais, ne vous déplaise.
-Vous chantiez ? J’en suis fort aise.
Eh bien ! dansez maintenant.
***
La cigarra, habiendo cantado todo el verano,
se encontró muy desprovista
cuando llegó el invierno.
Ni siquiera un trocito
de mosca o de gusano.
Fue a decir que tenía hambre
a casa de la hormiga, su vecina.
Rogándole que le prestase
algún grano para subsistir
hasta la nueva estación.
Le pagaré, dijo,
antes de agosto, palabra de animal,
interés y capital.
A la hormiga no le gusta prestar,
es este su menor defecto.
¿Qué hacía usted en el buen tiempo?,
le dijo a la que pedía prestado.
Día y noche a todo el mundo
le cantaba, no se disguste.
¿Usted cantaba? Me parece muy bien.
Pues entonces, ahora bailad.

La actualidad político-social española ha dado paso, varios siglos después, a una nueva versión de la tan repetida fábula, versión de cuya autoría no tengo referencia alguna, por lo que tal vez aquélla deba imputarse al ingenio popular. Por otra parte, el texto excede en mucho del de la breve composición original, y presenta, en prosa sin asomo de versificación alguna, una crítica punzante -en buena medida desmesurada- tanto de la actuación gubernamental como de las campañas de los medios de comunicación. Sea como fuere, aquí tienen ustedes la comentada versión.
“La hormiga trabaja todo el verano construyendo su casa y haciendo acopio de provisiones para el invierno. La cigarra piensa que la hormiga es tonta y se pasa el verano en total holganza. Cuando llega el invierno, tiritando de frío y de hambre, la cigarra organiza una rueda de prensa en la que se pregunta por qué la hormiga disfruta de vivienda y comida, y ella pasa frío y hambre. La Cuatro y las TV estatales organizan un programa, en vivo y en directo, en el que aparece la cigarra sufriendo las inclemencias del tiempo y la falta de alimento, mientras que se ve a la hormiga en su confortable casa y con comida en la mesa.”
”La ciudadanía se sorprende de que en un país tan moderno y democrático se deje sufrir a la pobre cigarra, mientras otros viven tan holgadamente. Las asociaciones contra la pobreza se manifiestan ante la casa de la hormiga, y TV1 trasmite en directo la protesta. El País y El Periódico, en sendos editoriales, cuestionan el enriquecimiento de la hormiga, e instan al gobierno a que le aumente los impuestos y, en tal línea, el gobierno elabora una ley sobre la igualdad económica, calificando a la hormiga como rémora del franquismo.”
“Ian Gibson publica Las hormigas y el franquismo, texto que es incluido en la asignatura Educación para la Ciudadanía. Los impuestos de la hormiga se aumentan y, además, es multada por no haber contratado a la cigarra como ayudante durante el verano, lo que se considera como un maltrato psicológico contra aquélla. La hormiga no tiene recursos para pagar la multa y los elevados impuestos, y el juez Garzón embarga su casa, que pasa a ser un albergue social para cigarras, y que se deteriora rápidamente porque nadie hace nada por su conservación en buen estado. Se reprocha al gobierno no poner los medios necesarios para evitar todo ello, y la COPE y Telemadrid comentan el fracaso de aquél por no corregir las desigualdades sociales.”
”El País, Iñaki Gabilondo y la tribu catalana del PSOE (Carles Francino, Angels Barceló y Gemma Nierga) dicen que la culpa es de Franco, de Aznar y de la guerra de Irak. Finalmente, la casa de la hormiga es ocupada por un enjambre de arañas inmigrantes, y el gobierno se felicita por la pluralidad cultural de España, ejemplo del éxito de la Alianza de las Civilizaciones.”
No creo haber exagerado al componer el título de esta colaboración, pues parece haber quedado evidente que esta novísima recreación de La cigarra y la hormiga tiene, en su composición, muchísima y muy maliciosa miga.


01/10/2009 | Antonio Martín Sánchez-carrasco
 
     
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