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Lo que Zapatero ha hecho mal, Aznar, antes, no lo hizo igual



Agit-Prop (apócope de Agitación y Propaganda) no es ente de reciente invención ni función novedosa en la contienda política. Ya en 1937 apareció en Valencia la revista Nuestra bandera, órgano del Comité Central del Partido Comunista de España y editada por la Comisión Nacional de Agit-Prop. Con el tiempo, las tácticas y las formas se han ido adaptando a las exigencias de una más efectiva comunicación, cuyos medios -así hay que reconocerlo- maneja a la perfección el PSOE, mientras que la labor comunicativa del PP -crisis aparte- es, digámoslo con suavidad, manifiestamente mejorable. En tal sentido, baste señalar que el partido del señor Zapatero logró reclutar una voluminosa legión de internautas que, como “blogueros” colaboradores de opinión, hicieron agit-prop en la esfera virtual para las elecciones del 9-M.
Todo ello aparte, la estrategia del Gobierno y del PSOE es orientar toda su agit-prop -terminales mediáticos, ejecutivas y militantes incondicionales- en el sentido de que si Zapatero ha hecho algo mal, es lo mismo que hizo Aznar en ocasión análoga y anterior. ¿Recuerdan la vergonzante actuación de la justicia frente a De Juana Chaos y Otegi en los tiempos en que Zapatero todavía acariciaba la ilusión de convertirse en Príncipe de la Paz? Todo lo que se le toleró a De Juana, incluidas duchas en compañía de su novia, y lo que se hizo por Otegi -retirada de cargos por el fiscal para evitar que fuera a prisión- se “recomendaba” justificar en orquestada campaña de agit-prop difundiendo la especie de que el gobierno de Aznar había hecho, más o menos, lo mismo con otros etarras. La Ejecutiva valdepeñera del PSOE relacionó (CANFALI del 16-III-2007) hasta diez casos de presos de ETA liberados por el gobierno de Aznar; y en mi artículo La moviola (CANFALI 23-III-07) explicité con datos abrumadores las razones que indujeron a tales medidas liberadoras, pues se trataba de enfermos terminales o incurables a quienes se les mandó a morir en casa. Como es norma, dicha Ejecutiva no adujo respuesta alguna ante mis afirmaciones.
El proyecto estrella de Zapatero ha sido el mal llamado proceso de paz que, después de algunas vicisitudes, ha concluido en un estruendoso fracaso. Para soslayar las repercusiones de éste, parece que se ha diseñado una corriente de opinión tendente a demostrar que su fracaso es análogo al de los presidentes anteriores en el mismo intento, teoría que se expone en CANFALI del pasado 30 de mayo y que no se compadece con la realidad de los hechos. Zapatero no es que haya intentado dialogar con ETA para buscar una salida al terrorismo; es que lo hizo aún antes de llegar al poder y lo siguió haciendo tras el criminal atentado de la Terminal-4, obsequiando a ETA con una concesión política (que las hizo, aunque terminales mediáticas y adictos incondicionales se empeñen en negarlo) de primordial importancia: la legalización parcial de las listas de ANV para su presentación a las pasadas elecciones municipales y autonómicas, faltando a la promesa que él mismo se impuso en el sentido de que “primero la paz, luego la política”. Ningún presidente anterior llevó a organización proetarra alguna al seno de las instituciones democráticas ni, mucho menos, hizo presentación de las mismas en la sede de la UE, antes al contrario, Aznar las expulsó de aquéllas. No es hablar gratis decir que Zapatero ha negociado la soberanía del País Vasco o la venta de Navarra; hay pruebas de la negociación en tal sentido que expondré más adelante. Ni hay, por otra parte, la menor desvergüenza al decir que Zapatero no quiere negociar con el Ibarreche perdido lo que ha negociado con los terroristas, porque tal afirmación responde a la verdad.
Por otra parte, establecer una consideración de genérica igualdad entre la actuación de Zapatero y lo hecho por Aznar en orden a la negociación para acabar con el terrorismo es algo que no se tiene en pie. En 1999, tras una tregua convenida entre ETA y el PNV, el entonces presidente Aznar quiso verificar la autenticidad del anuncio de la cesación de atentados y, a tal fin, autorizó una toma de contacto -que no negociación propiamente dicha- que se celebró en Zurich. Cuando los representantes etarras manifestaron que no estaban dispuestos a ceder un ápice de sus reivindicaciones políticas (una constante que siempre han mantenido), y que solamente estaban dispuestos a negociar condiciones y contrapartidas, los enviados del gobierno abandonaron la reunión y no hubo encuentro posterior alguno. ¿Puede compararse esto con las largas y continuadas negociaciones mantenidas entre el gobierno de Zapatero y la organización etarra?
Al término del verano de 2006 se celebraron, en una sala de la casa de ejercicios de los jesuitas en Loyola, nada menos que once reuniones con asistencia de los siguientes personajes: Josu Jon Imaz e Iñigo Urkullu por el PNV; Jesús Eguiguren, Rodolfo Ares y J. Antonio Pastor, por el PSE; y Arnaldo Otegi, Arantza Santesteban, Rufino Echeberría y Olatz Dañobeitia por Batasuna-ETA. Al término de tales reuniones se había consensuado un principio de acuerdo de mínimos sobre la normalización política del País Vasco, el derecho a decidir por parte de los vascos y el establecimiento de órganos institucionales comunes vasco-navarros, pero todo ello no salió adelante porque en el último momento los batasunos quisieron introducir nuevas condiciones por encima de las acordadas.
No es que Ibarreche no se de cuenta de que está pidiendo lo mismo que piden los de la ETA, pues ello ha sido una constante en toda su ejecutoria. El PNV quiere un País Vasco independiente, pero no mediante los métodos de violencia, asesinatos y extorsiones a cuyo través lo intenta la organización terrorista. Por mal que nos caiga el señor Ibarreche y todos lo de su cuerda -y no hay duda de lo muy mal que nos caen-, hay que reconocer que al lehendakari le asistía la razón al reclamar de Zapatero lo mismo que se había llegado a conceder a ETA-Batasuna en un principio de acuerdo tras las negociaciones de Loyola. Ibarreche estaría de verdad perdido si se le hubieran cortado las alas cuando empezó a hablar de conseguir un acuerdo entre Euskadi y el Estado español, pues tácitamente está considerando que aquél es un ente o nación que no pertenece ni está comprendida en España. Y esto es lo que no se debe tolerar.
En todo caso, queda claro que eso de que Zapatero ha hecho, en relación con ETA, lo mismo que los presidentes anteriores, es pura milonga. Ni Felipe González en Argel, ni Aznar en Zurich llegaron a hacer, ni por asomo, las concesiones que Zapatero ha hecho a lo largo de muchos meses de inútil negociación; ni mintieron como él, que anunció ruptura tras el atentado de la T-4 y luego siguió negociando.
Lo que Zapatero ha hecho mal no tiene antecedente, por cuanto a terrorismo se refiere, en lo que anteriormente hizo Aznar.


12/06/2008 | Antonio Martín Sánchez-Carrasco
 
     
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